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Reportaje: Monumento histórico, a la basura

Intereses en Mercado de Arriaga

La necedad del alcalde, en pie.
Angel Mario Ksheratto


Contra todos los dictámenes, estudios, recomendaciones y ordenanzas, el alcalde de Arriaga, Noé López Duque de Estrada, está determinado a cumplir un capricho personal… Y una exigencia que, a decir de los afectados, proviene de la subsecretaria de Infraestructura, Carmen Gordillo Ruiz, cuyo comportamiento en las múltiples reuniones para encontrar una salida a la crisis, ha sido soez, agresivo, ridículo y abiertamente provocador.
Desde que anteriores administraciones municipales determinaron cambiar la sede del Mercado de Arriaga “Belisario Domínguez”, a un terreno de alto riesgo, los habitantes de éste municipio se inconformaron, dada las condiciones de volatilidad que podrían enfrentar, en virtud de gases y químicos acumulados en el lugar. La alerta se disparó, cuando se supo que la intención era demoler la antigua construcción, considerada por diversos organismos como “una joya arquitectónica”.
Iniciaría una lucha en doble sentido: evitar que los locatarios y consumidores fuesen expuestos a peligros nocivos y detener la demolición de un edificio, único en Chiapas.
El mercado “Belisario Domínguez”, fue construido en 1970, durante las administraciones de Manuel Velasco Suárez y Alejandro Patrinos Velasco, gobernador de Chiapas y alcalde de Arriaga, respectivamente. Fue inspirado en las obras arquitectónicas de gran realce mundial del arquitecto mexicano-español, Félix
El 60 por ciento, demolido.
Candela Outeriño y construido por el arquitecto Octavio Barreda Marín, sobresaliente alumno de Candela.
Hans Kabsch Vela, uno de los defensores del histórico edificio, lo describe así: “El perímetro del mercado es un grueso muro de mampostería de piedra de río, en acabado natural y colocada en talud; este muro —ciego en su extensión— solo se abre para crear cuatro accesos peatonales y uno de carga y descarga. Articuladas puertas de herrería de austero y sencillo diseño, cierran los accesos (…) el rasgo más característico del inmueble es su techumbre conformada por veinticuatro estructuras de las denominadas ‘paraguas’. Se trata de estructuras laminares de concreto de borde recto y planta rectangular, formados por cuatro segmentos de hypar (paraboloides hiperbólicos), que coinciden en un apoyo central, transmitiendo cargas al terreno; esos apoyos también son utilizados para desalojar el agua de lluvia. Dichas estructuras están dispuestas a diferentes alturas, alternándose a manera de damero, esto con el fin de conseguir iluminación por los bordes.
“El efecto de la luz se tamiza suavemente por las orillas; el aspecto ambarino de la luz que entra y revela los espacios, se debe a las ventilas de fibra de vidrio, colocadas sobre herrería, y que originalmente debieron ser neutras y traslúcidas. En el caso especifico de los paraguas del Mercado de Arriaga, tienen la particularidad de presentar, nervaduras de refuerzo en las aristas (…); el edificio se muestra, por su calidad constructiva, como un claro ejemplo de lo que el investigador y especialista Juan Ignacio del Cueto define como ‘...un momento culminante de la arquitectura mexicana de los años 50 y 60 del siglo XX, misma que ganó prestigio alrededor del mundo con obras como el mercado Belisario Domínguez de Arriaga, Chiapas...’”.
Nadie escucha los reclamos.
En efecto, la construcción no es común. En Chiapas, es la única en su estilo, de tal manera que estudiosos de otros países se han interesado en visitar la obra y analizar las consecuencias que tendría su demolición para una ciudad que, por ironías de la modernidad, se quedó asilada tras la construcción de la autopista Tuxtla-Tapachula.
En Arriaga, nadie está de acuerdo con la desaparición de lo que constituye para ellos, un monumento histórico. Y más, cuando se filtra entre la población que detrás del intento por desaparecerlo, hay intereses económicos muy fuertes.
—El alcalde perdió la razón, mire usted amigo —me dice el taxista que me lleva al centro de la ciudad y explica: Los papás de Noé (López Duque de Estrada) eran locatarios; él mismo se crió entre los locatarios de ese mercado y ahora lo quiere derrumbar, así nomás por sus pantalones. Eso no es justo porque lo único que nos identifica, pues —alega. E intenta hacer un trato: Mire, no le voy a cobrar el pasaje, pero hágame un favor, ¡pártale la madre al sinvergüenza del alcalde para que aprenda a respetar al pueblo y se le quite lo pendejo!
Entre los vendedores hacinados a lo largo de la vía del tren, reina la incertidumbre. Nadie sabe a ciencia cierta hasta cuándo, van a tener un nuevo espacio para trabajar. Los rumores corren de un lado para otro, mientras que el edil, les juega la cabeza cada vez que se le antoja. Sucede que para demoler la parte no considerada histórica (un 60 por ciento del mercado en general) las autoridades municipales ubicaron a los locatarios en lugares aledaños donde hoy, sufren toda clase de carencias.
En la calle, la mayoría de locatarios.
Si los más elementales servicios, en locales construidos con láminas y de dimensiones francamente asfixiantes, los pocos vendedores que sobreviven a los caprichos de un alcalde poco comprometido con la ciudadanía, se quejan de las circunstancias, pero al mismo tiempo, dicen estar conscientes que ningún reclamo será escuchado.
—Nos da más pena a nosotros reclamar porque por una oreja les entra y por otra se les sale —comenta una locataria que afirma que a veces, es mejor reír que llorar ante lo que llamó “una pendejada” de parte del cuerpo edilicio.
El calor es abrumador; se siente más debajo de una estructura endeble, inadaptada para un mercado improvisado, cuya mayoría de puestos de venta, están cerrados en pleno sábado a medio día. “¿Quién va a estar todo el día en medio de éste infierno?”, se pregunta un vendedor de frutas que intenta darse aire con un pedazo de cartón.
Pilar Palomino Balboa, una de las más férreas defensoras del monumento, detalla cada una de las acciones que se han llevado a cabo para evitar la consumación de lo que ella misma considera, una brutalidad contra el patrimonio cultural de Arriaga.
—Hemos sido amenazados, acosados y humillados por una funcionaria de la Secretaría de Infraestructura que aparte de intentar callarnos a gritos y golpes sobre la mesa, ha llegado a provocar una escaramuza a golpes. Es una tirana irrespetuosa que no muestra nada de la educación que, se supone, ha recibido —comenta en tono molesto.
Pilar Palominos Balbóa.
La funcionaria a la que se refiere, es Carmen Gordillo Ruiz, a quien otros ciudadanos señalan de tratar de influenciar para que la joya arquitectónica sea demolida. Esto, pese a la existencia de dictámenes precisos, elaborados por instituciones serias. El 26 de marzo, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, envió con carácter de urgente, el oficio DA0514/DO48/2013 al secretario de Gobierno, Noé Castañón León, en el que detalla que, tras una evaluación del inmueble, elaborada por técnicos y especialistas de la UNAM, INHA, CONACULTA, DOCOMOMO (Documentación y Conservación del Movimiento Moderno en arquitectura) y la Academia Nacional de Arquitectura, capítulo Chiapas, se llegó a la determinación que el Mercado de Arriaga, es apto para el rescate y no para la demolición.
No obstante, funcionarios locales de menor rango, inexpertos en el tema arquitectónico y de monumentos históricos, pertenecientes a Protección Civil, “recomendaron” al edil, la inmediata demolición del edificio, argumentando riesgos potenciales para los inquilinos del lugar. De acuerdo a una investigación, los funcionarios de esa dependencia, actuaron con apego a las también “recomendaciones” de la subsecretaria de Infraestructura, lo que podría confirmar las sospechas de los arriaguenses: grandes intereses económicos mueven a la funcionaria que por cierto, también tiene intereses en los sindicatos de transportistas y empresas constructoras.
Calor y soledad en el improvisado mercado.
Igualmente, el 12 de diciembre del 2012, el Instituto Nacional de Bellas Artes y CONACULTA, hicieron llegar al Ejecutivo de Chiapas, el oficio número 2199-C/1056, en el que establecen:
“El Mercado Belisario Domínguez, construido en la década de los años setenta del siglo pasado, con un innovador diseño y sistema constructivo, forma parte der la memoria urbana del municipio de Arriaga y especialmente del momento histórico de la arquitectura representativa del movimiento moderno, como parte sustantiva del patrimonio edificado y cultural del Estado de Chiapas. Esta dirección, en apego a la competencia normativa en materia de conservación del patrimonio artístico inmueble del país, reconoce en ésta obra arquitectónica valores estéticos relevantes, dignos de preservación para el disfrute de generaciones futuras, por lo que respetuosamente reiteramos como NO VIABLE (sic) la demolición total.”
En el mismo oficio, ambas instituciones recomiendan detener la demolición del monumento, por lo menos, hasta que no se cuente con la opinión de otros expertos, incluidos geólogos y especialistas en construcciones antiguas.
Por otro lado, la empresa “Colinas de Buen”, contratada por la Dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico e Inmueble del INBA para hacer una evaluación del edificio, concluyó que “el inmueble no presenta actualmente ningún indicio de falla o colapso inminente y consideramos que demolerlo sería un error, puesto que la estructura está en general en buenas condiciones y las zonas con problemas de corrosión se pueden rehabilitar.”
El oficio enviado al gobernador.
Con todo y eso, el alcalde insiste; “pero poco a poco se le está cayendo el teatro”, dice Pilar Palominos, quien cuenta que en una de las últimas reuniones, López Duque de Estrada, convocó a una reunión “con los locatarios”, quienes según él, firmarían la minuta en la que se declararían conformes con la demolición del antiguo edificio. Pero no contó con que sus oponentes, estarían presentes y descubrirían que no había un solo locatario.
—Eran líderes de colonias y ejidos que nada tenían que ver con el problema, mientras que los verdaderos locatarios, estaban fuera de la reunión —cuenta entre risas al recordar la cara que puso el edil cuando ella y otros activistas, abrieron la puerta para que entraran los locatarios.
En esa ocasión, recuerda Palominos Balboa, hasta los líderes que él había traído ex profesamente para firmar un documento con el cual ampararía una acción arbitraria, se le pusieron en contra al darse cuenta del embuste. Cuenta también la actitud grosera y prepotente de la subsecretaria de Infraestructura, a quien acusa de haberla agredido empujado a propósito mientras ella, en un pasillo, hablaba por teléfono.
—Lo peor viene todavía —dice con gesto de preocupación. El alcalde ya ha anunciado el inicio de la demolición de la estructura histórica y la construcción del nuevo mercado, solo que… Ahora, por intereses financieros, ha comprado pleito con los transportistas, a quienes además, no les ha pagado por los trabajos ya realizados.
La duda persiste; nueve de cada diez arriaguenses, opina que las obras anunciadas por el edil, no se podrán llevar a cabo; la razón: los excesos financieros que mantienen a la comuna en números rojos.

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