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René y Dolores, del escándalo al poder partidista. |
Fichero Político
Angel Mario Ksheratto
Aferrados a su vieja tradición de culpar a sus adversarios de sus yerros y fracasos, los perredistas por fin lograron componer una dirigencia híbrida, casi surrealista pero eso sí, excesivamente expresiva y notoriamente carente de unidad de criterios; por un lado, un viejo comunista respetado y respetable que apoya la fusión de la izquierda con la derecha y por otro, una mujer de enredos con la corrupción, enemiga natural de la derecha, dispuesta a ejercer la supremacía del Consejo Nacional perredista para no aliarse con el PAN en las elecciones del Estado de México, clave para la sucesión presidencial del 2012.
Dolores Padierna, que hizo honor a su nombre cuando su marido (René Bejarano) fue hecho prisionero por actos de corrupción, ha sido clara desde ayer: no hará caso al resultado de la consulta en el EDOMEX e impondrá la determinación del CN para evadir la fusión; Jesús Zambrano por su parte, ya dijo que la alianza se hará bajo la imperiosa necesidad de cerrarle el paso a Enrique Peña Nieto, hasta ahora, el aspirante presidencial con mayor calificación pública. Se acerca una crisis interna que podría terminar por debilitar a un PRD desquiciado, cansino y apegado a ocurrencias momentáneas.
Por sobre la pobreza política en que se mueve el Partido de la Revolución Democrática, la arrogancia y la fragilidad, el autoengaño y la simulación están presentes en todos sus actos. No es necesario esculcar a la dirigencia nacional perredista para encontrar cismas que ejemplifican la profunda crisis de ese instituto político. Considerado el enemigo más cruel de la izquierda en Chiapas, acusado por los perredistas de la vieja guardia como el ejecutor de los fraudes electorales que han mantenido al PRD en el pasmo social, Ángel Córdoba Toledo dirige ahora a ese partido en la entidad. Error garrafal, sin duda; bofetada demoledora para la izquierda honrada que por ahora, está en alguna esquina esperando el retorno de su ave Fénix.
Y de ahí se desprenden asuntos que, de no ser por su gravedad, pasarían desapercibidos. Leonardo León Alcázar, Caleb López, César Espinosa Morales, Miguel Barbosa Huerta y Geovany Campos, atendiendo una ilegalidad planteada por Rubén Velásquez, se presentaron a la elección de la nueva dirigencia nacional del PRD.
Con gafetes falsos y lo peor, usurpando la titularidad de los consejeros Martha Grajales, Carlos Esquinca, Juan Pablo Zárate, Candelaria Chirino y Verónica García, intentaron votar a favor de Jesús Zambrano (en las primeras rondas, claro está) quien apoya la candidatura del extirano Pablo Abner Salazar al Senado de la República.
De acuerdo a versiones desde dentro de la dirigencia doméstica de ése partido, la fallida acción de los pablistas fue avalada por el Comité Estatal, encabezado por Córdoba Toledo. Afortunadamente, el embuste fue descubierto y los falsos consejeros (que llevaban la consigna extra de corear el nombre del exdictador Salazar) no pudieron votar.
He ahí una de las tantas razones por las que el PRD ha caído en el fango de las traiciones y deslealtades que lo arrastran al repudio popular. Insisto: la arrogancia como base de un partido en crisis, no es un factor a considerarse como digno para levantarse.
Con todo y eso, ¿qué nos garantiza que el resto de consejeros que aprobaron la elección de Jesús Zambrano no fueron tan falsos como una moneda de tres centavos? Líneas arriba pondero la respetabilidad de Zambrano, lo que no es atenuante para creer que pese a los resultados no han sido del todo limpios. Es de pensar que para evitar otro “cochinero” como el de la pasada elección, los perredistas prefirieron salir del callejón con una decisión inteligente, pero que no convence puesto que sus argumentos son fáciles de rebatir.
Podemos entonces afirmar que lo menos execrable de la elección interna perredista, fue la determinación última de aferrarse a una cabeza monstruosa; lo cual, claro está, no le garantiza al país, un partido digno de tener la confianza de los electores. Y si a ello aunamos las calientes ambiciones de López Obrador, tendremos un PRD electorero, no un partido propositivo.
Tarjetero
*** No basta con “fortalecer” a las instituciones para salvaguardar y robustecer políticas públicas en el tema de protección civil; hace falta atacar los males de fondo como la tala inmoderada de bosques, la contaminación de los ríos, etc., etc. Las instituciones ahí han estado y, por desgracia, han fracasado en su intento por poner a salvo los recursos naturales. Contubernios, complicidades, negocios turbios, corrupción, complacencias, impunidad, todo por nada. De ahí que la propuesta difundida ayer por la diputada priísta Rita Balboa Cuesta, debe ser no solo escuchada, sino vuelta a analizar, pues su contenido es bueno… Lo malo radica en la ausencia de una propuesta realmente contundente, una propuesta que revuelque lo viejo, sacuda lo malo e implante nuevas actitudes. De ahí y hasta ahora, muy bonito, bien estructurado discurso. *** ¡Vaya! No por razones políticas pidió el presidente Calderón la remoción del embajador de Estados Unidos en México; fue —se difunde profusamente— por razones sentimentales, cosas de la vida privada que dejan al gobierno mexicano mal parado. Lo dejan como una administración torpe, muy torpe. Sucede que al señor Presidente, no le gustó para nada que Carlos Pascual tuviese una relación sentimental con una hija de Francisco Rojas, de filiación priísta y líder del Congreso. ¡Qué pobreza de criterio! Pero en fin, si Fox fue torpe, Calderón le sigue los pasos. *** Muchas son las denuncias contra el regidor de Convergencia, Oscar Zepeda; petulante, abusivo, haragán, protagónico, de todo, el muchachito. Hay quienes le acusan de estar vendiendo plazas. Ya le tendré más detalles. *** Luego nos leemos.
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