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La libertad, no es propiedad de los sátrapas

Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

El periodista Angel Mario
Ksheratto, al momento de
recibir el premio
Internacinal de Periodismo,
de manos del Representante
de Emisoras Unidas de
Guatemala.

Tenemos por ti tantos golpes acumulados en la piel, que ya ni de pie cabemos en la muerte. /En mi país, la libertad no es sólo un delicado viento del alma, sino también un coraje de piel. /En cada milímetro de su llanura infinita está tu nombre escrito: libertad. /En las manos torturadas. /En los ojos, abiertos al asombro del luto. /En la frente, cuando ella aletea dignidad. /En el pecho, donde un aguante varón nos crece en grande. /En la espalda y los pies que sufren tanto. /En los testículos, orgullecidos de sí. /Ahí tu nombre, tu suave y tierno nombre, cantando en esperanza y coraje. /Hemos sufrido en tantas partes los golpes del verdugo y escrito en tan poca piel tantas veces su nombre, que ya no podemos morir, porque la libertad no tiene muerte. /Nos pueden seguir golpeando, que conste, si pueden. /Tú siempre serás la victoriosa, libertad. /Y cuando nosotros disparemos el último cartucho, tú serás la primera que cante en la garganta de mis compatriotas, libertad. /Porque nada hay más bello sobre la anchura de la tierra, que un pueblo libre, gallardo pie, sobre un sistema que concluye. /La libertad, entonces, vigila y sueña cuando nosotros entramos a la noche o llegamos al día, suavemente enamorados de su nombre tan bello: /¡Libertad!
Señoras y señores
Compañeros periodistas
He iniciado éste discurso con uno de los más bellos poemas jamás escrito en torno a la libertad, ese preciado don que los mismos hombres nos hemos encargado de vilipendiar cuando creemos que ésta, la libertad, es patrimonio de los poderosos y obsequio para los necesitados.
Me he remitido al pensamiento del insigne poeta y escritor guatemalteco, Otto René Castillo, cuya pasión por la libertad le obligó a refugi
arse en El Salvador cuando las huestes criminales de los Estados Unidos dirigían al gobierno de Guatemala, tras el golpe de estado contra Don Jacobo Arbenz Guzmán, el primer presidente socialista de América Latina.
No es casualidad ni capricho haber retomado el ideal del poeta quetzalteco para dirigirme a Ustedes en ésta especial tarde en la que mis compañeros periodistas me distinguen con un reconocimiento que obliga a la reflexión, pero también conmina al inatacable compromiso de seguir el camino que lleva al mismo punto del que alguna vez nos habló el Gran Pablo Neruda: “Comunicar lo que somos”.
Pero
también, decir lo que no queremos ser: Objetos de exposición en el enorme tianguis de voluntades sumisas en que los políticos modernos han convertido al mundo en aras de globalizarlo, a pesar de los muros, políticas racistas y persecución de ciudadanos, cuyo único delito es correr inútilmente tras un sueño que, muchas veces, termina en dolorosa pesadilla.
Decir que la verdad, no es un panfleto surgido del capricho de quienes pretenden ser los herederos universales de la humanidad, sino un derecho inalienable de los pueblos libres que fincan su futuro, precisamente en la libertad, madre de la democracia.
Comunicar a todos, que los hombres y las mujeres libres, no reconocen más frontera que el derecho de los demás. Esto nos lleva, invariablemente, al reconocimiento explícito que la humanidad, es indivisible.
Por ello, celebro que en éste evento, nos honren con su presencia, hermanos periodistas de países de Centro y Sudamérica, cuyo compromiso con la libertad, se refleja en su seriedad, responsabilidad y profesionalismo.
Lastimosamente, hoy, las fronteras no solo separan a las naciones, sino que también, distinguen al poderoso del débil, revelan las condiciones del esclavizado, el humillado y el perseguido, y desnudan la ambición de los cobardes que pretenden el sometimiento colectivo de la humanidad.
Alto ha sido el precio que nos ha tocado pagar por el abuso y los excesos de aquellos sátrapas inconmovibles e insensatos que han creído que el poder público es patente de corzo para delinquir impunemente.
No han podido –ni podrán– destruirnos, porque la libertad, como dice Otto René Castillo, “no es sólo un delicado viento del alma, sino también un coraje de piel” que implica el compromiso perpetuo de contar, sin censur
a, la historia viviente de nuestros pueblos con su dolor, su angustia, sus miedos, sus alegrías, sus sueños.
Solo el que vive en libertad puede ver la dignidad humana debatiéndose en elocuentes discursos, mientras miles mueren de necesidades asequibles.

Solo que el ama la libertad puede, entonces, inscribir en su piel la necesidad de decir la verdad, a pesar de las consecuencias que pudiere tener.
Solo el que vive en libertad puede sentir el horror de una guerra y la vergüenza por la ignorancia que gana terreno a la verdad y que, en muchos casos, hace ver al hombre por debajo de sus propias capacidades. He ahí la raíz de la pobreza de millones y el abuso de unos cuantos.
Compañeros periodistas
Señoras y señores:
Nos unen lazos de eterna fraternidad, fincada en tradiciones, costumbres e intereses comunes. Estamos, inescrutablemente, ligados por la historia que nos obliga, hoy, a cumplir con cada lector, con cada radioescucha y con cada televidente, el compromiso inatacable de promover la libertad, por encima de las ambiciones de los poderosos que han creído, falsamente, que el mundo es de ellos.
No, señores; ¡el mundo es nuestro! Nos asiste la libertad y el deseo de ser libres.
Les convoco, pues, a privilegiar la libertad, la unidad y la armonía entre los pueblos hermanos que hoy nos da una muestra de su legítimo deseo de hacer prevalecer el respeto y la concordia.
Saludo a todos.
Buenas noches.

Tarjetero

*** Lo anterior, es el discurso pronunciado por éste servidor, el viernes último, durante la entrega del Premio Internacional de Periodismo 2007, “Don Ruma”, organizado por la ARRPRECH que dirige el periodista Sergio Marín Ortega, y avalado por organizaciones periodísticas de Centro y Sudamérica. Agradezco la distinción hecha a mi persona y dedico éste nuevo reconocimiento a mis lectores, que han tenido la generosidad de leerme. *** Luego nos leemos.
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